Roa Bastos, los dictadores y la buena literatura

 

Roa Bastos expulsado del país (1982)

Roa Bastos expulsado del país (1982)

Roa Bastos, los dictadores y la buena literatura.

Hoy, a 94 años del nacimiento del representante máximo de la Literatura paraguaya o uno de los más importantes como señalan varios críticos, una reflexión se viene a las mentes dejando un vacío el cual no se sabe si es realidad, es un hecho o es simplemente coincidencia pero lo que podemos estar seguros es que hay una compatibilidad la cual no se puede pasar por alto: los dictadores y la literatura son muy buena pareja.

Muchos, solo al leer los previstos anteriores dirían que es una de las aberraciones más grandes que se haya escrito aludiendo que siempre los dictadores fueron hartos enemigos de la literatura. Craso error diría en simple palabras y corrigiendo el mismo, los dictadores NO son enemigos de la literatura en su totalidad sino de aquella que desafía a su gobierno a plantearse una mejor vía para el desarrollo.

Augusto Roa Bastos, quien en carne propia sufrió el exilio y las penurias de la dictadura en la República del Paraguay. Pablo Neruda lo mismo en Chile o Borges en Argentina por citar algunos. Así mismo podemos resaltar la gran y vasta literatura que se ha producido a partir de la figura de un hombre acorralado en el poder, paranoico con sus enemigos, favorable a quienes les tenga en buena vista. No podríamos usar amistoso porque si algo nos enseño la Historia es que los dictadores carecen de amigos. A Julio Cesar lo traicionó Bruto, quien según Aligheri está en las mismísimas entrañas del demonio pagando el precio de su traición con Judas Iscariote; Alfredo Stroessner no tenía amigos, El Dr. Francia tampoco y EL Coronel Buendía de García Marquez tampoco.

Los dictadores han llenado la vasta biblioteca de obras dedicadas a la persona, variando obviamente el estilo, el autor y los tiempos; Yo el Supremo, de quien hoy se le recuerda por la excelencia con la que se escribió, se recuerda también que el mismo tardó más de 10 años en terminarlo, según cuentan sus familiares, dando a entender que son los años y la práctica lo que define a un escritor y no el momento.

Aunque muchos digan que Yo el Supremo es la obra culmine de Roa Basto, debo ir a la contra de la opinión dándole el galardón mayor a su cuento publicado en 1973 en una revista política argentina: “Penal El Paraíso” donde el retrato invisible del dictador se tumba sobre la débil imagen de los prisioneros de aquellos campos de concentración el cual como las velas, se les iba apagando la vida mientras transcurría eternos siglos en simples párrafos. Tal obra maestra fue hecha por Roa Bastos cajo el influjo claro de Robert L. Stevenson con su obra maestra “La Isla del Tesoro” donde en el cuento el priosionero es carcomido por las moscas, así como el capitán Howard en el mar o Policarpo Patiño cuando está en las últimas horas. Además que el relato analizado es el antecedente más claro en cuanto a la llegada de Yo el Supremo.

Si hay alguien que supo encuadrar a la generación del ’40 fuera del concepto modernista que carcomía a la literatura, fue definitivamente Roa Bastos con el relato “Los Carpincheros” donde todo el universo se detiene, se destruye e inicia otro. El ámbito social paraguayo fue analizado con muchísima profundidad por el Maestro y esto lo refleja con su libro “Hijo de Hombre” donde muestra  al ser paraguayo como una arena que agoniza en el desierto de la soledad, del olvido y de la desigualdad.

Mucho le debemos a Roa Bastos y el agradecimiento más grande que le podemos dar al mismo es escribiendo bien.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s